Se me perdió la inicial d tu nombre que halle perdida, flotando en el viento, jugando indecifrable, invisible, indecible..
juré que jamás la pronunciaría, esa "R" entre los dientes, mascullando más de un recuerdo, vivencia, pasaje amoroso.
Juré que jamás escribiría una carta de amor, un descargo personal, no mancharia mis apuntes con corazones al costado del margen superior, o borraria de la cartuchera todo tu nombre. Quería borrarte del mapa, bloquearte de todas las redes sociales y las cartografias mentales,dejar de pensarte y crearte, idealizarte, incluso, dejar de seguirte como siempre, dejar de olfaterte; encontrar tus huellas en ciudad universitaria, en los boliches de nueva córdoba, en los parques y estaciones de trenes...
No queria quizás, pero no podía,estaba convencida que olvidarte era el peor de los calvarios, el infierno más encantador. Era vulnerable a su amor, permisiva y tonta -me decía por lo bajo- y me secaba con la izquierda un lagrimón.
Por momentos, me sentía tan sola, buscaba alguna foto tuya y la apoyaba en mi pecho luego de mirarla una y otra vez y descubrir, hasta puntos nuevos en tu cara con los que jugaba en noches prolongadas de insomnio a unirlos y crear figuras diversas. Me mareaba tu rostro, tu cuerpo me exitaba y de a poco iba convirtiendo en fantasias y sueños húmedos ése cuento imaginario. Queria sacarte de m vida, de m pecho, de mis heridas, dejar que cicatrizaran para entregarle mi corazón a un nuevo amor pero el mío ya estaba estrujado, pertrecho, malherido, manoseado y agujereado de tanto dolor y fracaso amontonado, tenía costras y alguna que otra telaraña se dejaba entreveer. dolía pero dolía demasiado...No queria verlo, me sonrojaba por mometos y ruborizaba por completo, si lo topaba en un negocio, en las calles de la ciudad, si lo cruzaba en la panaderia, en el barrio mismo.
Solía escribirme, a horas de la madrugada, para que fuera a charlar. sabía que ver pelis o charlar era nuestro "pasatiempo" preferido, en realidad, de él.
Mis amigas me tildaban de ingenua, de inocente, de ciega enamorada, de trada en una palabra. Que me hiciera respetar y un curriculum o manual del ABC del hombre, hasta me traian los test de la Cosmopolitan para ver si en algo era compatible, si el signo, si el sexo, si el pelo, bla bla bla. Puras giladas que no creía pero me divertían. Jugaba a que eramos el uno para el otro, dos en uno, el mismo cuerpo y dos cabezas, bien monstruoso y morboso.
Muchos me decían que no era amor, era obsesión. Que estaba loca, ciega, que era absurdo seguirle los pasos a un gato de la noche, del juego, de locuras y mujeres por doquier, que yo jamás ocuparia otro lugar. Me solía poner canciones en el cuarto, a oscuras, para llorar desconsolada. Canciones masoquistas, de amor, un Sin Bandera se sentía; un disparo al corazón.
No entraba en mi la lógica, sentia puñaladas hondas, moretones varios.
No queria volver en sí, a veces, me aislaba, me desaparecía del mundo real para vivir en la burbuja de las novelas y cuentos que leía apasionados, de escritoras o de personajes de cine y televisión, de niña soñaba con ser actriz, con ser una de ellas y vivir una historia de amor fuerte, de esas que quedaban para la historia. Y cada vez, que me sumergía en las escenas, me detenía en los diálogos o las cartas de amor más bellas cerraba los libos llorando, con odios, desprecios, puteaba en silencio su nombre y los tiraba a la cama.
Quizás, el tiempo hace olvidar, madurar, perdonar, pero en sí mi vida era un morir en vida. No lo quería ver, no queria salir como suele pasar cuando estás en el duelo prolongado y parece eterno, me sentía una de las de los culerones venezolanos, me inventaba mil excusas para no ir a reuniones sociales, me privaba de navidades y festejos entre amigos por ser una enamorada slitaria, que ahoga penas en cigarrillos y alcohol. cada tanto escribia versitos en las servilletas de papel de algún bar,whiskeria nocturna, porque es allí en un scoch frío y con hielo donde mi mente se transportaba a otro lugar. Mis labios se humedecían de alcohol y navegaban otras bocas, pronunciaban otros nombres. Mis ojos veian otros hombres, otros cuerpos. Me sentía aliviada, cansada, aturdida...
Queria enfrascar tu nombre, junto con todos los otros frasquitos grandes y pequeños del placard de mi habitación, ése era mi secreto, mi liberación como mujer, el castigo. Me olvidaba de ellos cuando me hacia dueña y señora de sus indentidades, robadas o prestadas, me daba igual con solo capturarlas para desaparecer, hacerlas desaparecer.
Pasaron años cuando completé mi primer placard de nombres, de identidades de hombres, de colección... me sentía poderosa, mejor que la viuda negra, porque no los mataba sino más bien, los asfixiaba, los encerraba, los enfrascaba a cada nombre completo o con apodo si es que no me acordaba del nombre y allí morían para siempre mis deseos, mis ansias, mi profundo y loco amor. Cuando por la medianoche,antes de sellar el último frasco, rotular por última vez su nombre y pronunciarlo, me ahogaba pra siempre en esos frascos, los maldecía, hacia rituales y ceremonias de muerte, conjuros mágicos ante los ojos de la Luna, pero ella siempre austuta; jamás me vendió su luz ni su alma por un ratito, era mi castigo, simplemente una madrugada, la textura de la noche, me abrigó para siempre.-
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